Lo imperdonable

  • Por:Manel
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(A modo de reflexión jocosa pero no admonitoria, ni penal ni moral o ambas, a pocos días del 20 de diciembre de 2015, tomada de aquí y de allá, donde se dice lo que no parece por no ser posible expresarlo de otra manera )

En la España de la segunda década del siglo XXI la culpa es endémica, se transmite como una enfermedad genética sin hacer diferencias culturales de ninguna clase, porque es la moneda de cambio en un universo Egoísta. El Egoismo, con mayúscula, es un sistema de pensamiento cuyo circuito herméticamente cerrado necesita traficar con la culpa para mantener su hegemonía.

En el mundo egoísta en el que nos vemos obligados a movernos todos nos sentimos culpables de algo, consciente o inconscientemente. Esta culpa es tan insoportable que, el objetivo es descargarla sobre el quien primero que llegue.

La culpa es una patata caliente que nos pasamos unos a otros incesantemente, sin posible destino final y a escalas que dan la impresión de ser más graves e importantes. Formamos parte de una cadena interminable de culpables, inculpados, disculpados, exculpados y todas las formas ‘retrovexas’ del juicio con el que medimos a nuestras víctimas y victimarios. (Ya sé, la palabra ‘retrovexa’ es inventada; la culpa también).

Todo indica que hay culpas más robustas que otras, como ocurre con las monedas, aunque, a la hora de la verdad, se trata de La Culpa, disfrazada de distintos valores. Cuando alguien es descubierto en un ‘pecado’ mortal y evidente, aprovechamos para respirar un poco de inocencia. Si algo bueno hacen los grandes ‘pecadores’ es hacernos sentir a los demás ‘mejores personas’.

La moneda de la culpa incrementa su valor si el Egoísmo, -Amo y Señor-, así lo dispone, bajo su dictadura mandada por leyes a veces arbitrarias que él va cambiando a su antojo, porque es El Dictador por excelencia, y ninguna mente que no cuestione sus estructuras escapa de su régimen. En el mundo del Egoísta, las calles son oscuras y sin salida, donde seres dementes se lucran con las culpas de los otros.

La única forma de deshacerse de esa culpa fundamental está en El Perdón. Pero no ese perdón mezquino, pobre versión que también interpreta el Egoísmo desde su pedestal de superioridad. El Perdón, con mayúscula, es ese tipo de perdón que no reconoce al enemigo ni al pecador como sus ofensores, porque para él La Culpa no existe.

Perdonar por el daño que nunca nos ha hecho ni nos hará nuestro aparente verdugo es una sabia contradicción que el Egoísmo no puede concebir, porque su solución ocurre fuera de su jurisdicción, en la paz de nuestra mente.

Esta es la puerta de la liberación que abren los iluminados, pues solo ven almas que se equivocan y pueden volver a elegir.

Cada cuatro años, únicamente.

Acerca de Manel

Magistrado con veinte años de experiencia en materia penal y Derecho de la Unión Europea.

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Comentarios

Una Respuesta hasta “Lo imperdonable”

  1. Maria Claudia Cambi

    Encontrar culpables para no sentirnos culpables.
    Brillantes reflexiones, con ocasión del 20 D, pero que lo trascienden, por supuesto.

    14/12/2015 - 16:31 #